En la vocación de distinguirse y ser distintos al vulgo –a pesar de considerarse líderes del mismo y defensores de sus derechos pisoteados por un poder oculto que, en general, asocian al capital- está la clave del comportamiento miserable de personajes como el despreciable Willy Toledo. Esas ansias de destacar de alguna manera, al no poder destacar de otra, les conduce a apoderarse de los lemas, consignas y causas que algún día se erigieron engañosamente como símbolo de una Revolución que es, en realidad, una dictadura, impuesta a golpe de fusil y que perdura todavía hoy a base de un sistema de represión al que ellos contribuyen a maquillar y, al mismo tiempo, de la que se convierten en despreciables cómplices.

Su objetivo no es el de analizar en detalle las consecuencias de un sistema y un régimen, ni estudiar con profundidad los mecanismos que permiten que una dictadura siga institucionalizada internacionalmente y reconocida por gobiernos que, actualmente, rechazan, por ejemplo, los resultados de unas elecciones realizadas en Honduras que sirvieron, entre otras cosas, para espantar el fantasma castrochavista que representaba el terrateniente convertido a salvador de obreros Manuel Zelaya. Su objetivo sigue siendo el rédito a su imagen personal, a su proyección social como personajes asociados a causas nobles, como las que supuestamente defienden Hugo Chávez y Raúl Castro en sus respectivos cortijos: ya sabemos con qué métodos, ya sabemos a qué precio.

Fuente y sigue: Punt de vista

por la libertad de los presos políticos cubanos
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