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El Informe 2009 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos fue presentado hoy en Washington. En el apartado dedicado a Cuba, se incluyen las siguientes conclusiones:

La Comisión subraya que en Cuba existen situaciones estructurales que afectan gravemente el pleno goce y disfrute de los derechos humanos.

Restricciones de derechos políticos

Las restricciones a los derechos políticos y la ausencia de elecciones libres; la falta de garantías del debido proceso legal y de independencia del Poder Judicial; la privación de libertad de los disidentes políticos; las restricciones al derecho de residencia y tránsito; las restricciones a la libertad de expresión; los hostigamientos a las defensoras y defensores de derechos humanos y a los dirigentes sindicales independientes, configura una situación permanente de trasgresión en Cuba de los derechos fundamentales de sus ciudadanas y ciudadanos cubanos e insta al Estado a realizar las reformas necesarias conforme a sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.

Las elecciones no son libres ni justas
Las elecciones cubanas se caracterizan por la falta de pluralidad e independencia y la ausencia de un marco de acceso libre a diversas fuentes de información. La Comisión reitera que la falta de elecciones libres y justas, basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo, vulnera el derecho a la participación política del pueblo cubano.

Los Castro torturan a los disidentes
La Comisión reitera la necesidad de que el Estado adopte medidas de prevención y protección dirigidas a enfrentar las violaciones de derechos humanos que continúan cometiéndose en perjuicio de los disidentes políticos. En especial, observa con preocupación la práctica de torturas en contra de presos políticos, e insta a que sean erradicadas en forma inmediata.

De igual manera, observa que todo uso arbitrario y/o excesivo de la fuerza y toda afectación al derecho a la vida e integridad física cometida por agentes estatales, deben ser investigados y sancionados a efectos de garantizar que no se repitan.

Condena de los juicios sumarísimos
La Comisión solicita al Estado de Cuba a adecuar sus normas procesales a los estándares internacionales aplicables en materia de debido proceso, a fin de que las personas que acudan a los tribunales para la determinación de sus derechos y responsabilidades cuenten con garantías legales mínimas para ejercer sus medios de defensa.

A este respecto, la Comisión considera sumamente grave y condena la reiterada utilización en Cuba de juicios sumarísimos sin la observancia de las garantías del debido proceso, incluyendo las garantías mínimas y necesarias para que el acusado ejerza su derecho a una adecuada defensa legal. Asimismo, en esta materia, insta a la derogación de tipos penales como el de peligrosidad social, que en forma frecuente utiliza el Gobierno de Cuba como herramienta de persecución política.

De la misma manera, la Comisión insta al Estado de Cuba a adoptar las medidas legislativas y de otra índole, necesarias para garantizar que no se imponga la pena de muerte en violación a los principios del debido proceso y de un juicio justo realizado ante un tribunal competente, independiente e imparcial previamente establecido por la ley.

Liberar a los presos políticos
Igualmente, la Comisión reitera al Estado de Cuba la recomendación de ordenar la liberación inmediata e incondicional de las víctimas del Caso 12.476, declarando nulas las condenas en su contra por haberse basado en leyes que imponen restricciones ilegítimas a sus derechos humanos.

Cuba es el único país de las Américas donde se puede afirmar categóricamente que no existe ninguna garantía para el ejercicio del derecho a la libertad de expresión. Cuba es el país de las Américas con más periodistas y escritores detenidos, a causa de expresar libremente sus pensamientos e ideas.

Por lo anterior, la Comisión insta al Estado cubano a adoptar las medidas necesarias para garantizar el derecho a la libertad de expresión y para evitar los hostigamientos, las amenazas, intimidaciones y/o encarcelamientos a quienes intenten ejercer tal derecho.

La Comisión insta al Estado cubano a adoptar las medidas que sean necesarias para prevenir y erradicar las distintas formas de hostigamientos contra quienes ejercen el derecho de asociación con fines humanitarios y sindicales y contra quienes se dedican a la defensa y promoción de los derechos humanos.

Leer el informe

por la libertad de los presos políticos cubanos

por Efrén Fernández Fernández, prisionero de conciencia

13 de abril de 2010

Prisión de Guanajay, La Habana, Cuba – En mayo de 2004 me trasladaron para aquí. Recuerdo los relatos que los presos comunes me hicieron a mi llegada sobre las golpizas que los militares le habían dado a Orlando Zapata Tamayo.

Todos los días yo podía divisar la ventana de su celda a través de la mía que está a unos 30 metros de donde aún estoy cautivo. A gritos dialogábamos e incluso nos escribíamos con la ayuda de comunes que burlaban el asedio de los guardias. Fue así como el propio Zapata me contó con lujo de detalles lo antes informado por los comunes: “cuando me trajeron para esta prisión en 2003 me ubicaron en el destacamento #6, donde el primer teniente Emilio Guilarte Ramírez y el primer suboficial Leonel Torres Reñí me golpearon salvajemente, causándome múltiples hematomas”.

Este tan solo fue el inicio de una desaforada historia de crueldades contra Zapata. Varias veces vi a los carceleros sacarlo de la celda con las manos esposadas y sin camisa, lo tiraban al suelo y cogiéndolo por los pies lo arrastraban unos 200 metros por las aceras ásperas de hormigón hasta llegar al área militar. También solían atravesar una cancha de baloncesto de piso de grava, ocasionándole lesiones en la piel.

A fines del año 2003, durante una requisa general, los guardias lo encadenaron y arrojaron al piso para que el primer teniente Quintana le diera una descomunal patada en la cabeza, inmediatamente cayó sobre él un enjambre de uniformados quienes lo apalearon presos de odio y sadismo. Por esos mismos días varios militares lo esposaron otra vez y el jefe de la prisión, el Teniente Coronel Wilfredo Velásquez Domínguez, le rompió la boca de un piñazo mientras que sus subordinados le daban golpes con las porras.

Nuestro finado hermano fue víctima de muchas vejaciones y palizas en esta Prisión de Guanajay, el escarnio caló tan hondo que hasta la capitana Delia, jefa de control penal, llegó a propinarle una bofetada. También lo agredieron y ultrajaron el oficial Felito, los suboficiales, Alejandro, Orestes, Pileta y Reinier, entre otros.

En una de las noches tenebrosas de la prisión de Taco-Taco, en el año 2006, torturaban en una celda de castigo a Zapata, por gritar consignas y plantarse en huelga de hambre, en reclamo del cese de los malos tratos, las condiciones infrahumanas y exigiendo el respeto de los derechos de los reclusos. En ese momento le estaban aplicando la tortura física conocida en las prisiones pinareñas con el nombre de la sillita; después de golpearlo le pusieron a la fuerza unas esposas en los pies, le torcieron las manos hacia la espalda, se las aprisionaron con un segundo par de esposas y a continuación con un tercer par le unieron los pies y las manos arqueando su cuerpo hacia atrás, dejándolo así tirado en el suelo varios días, Pero él no se rindió y continuó gritando: “¡Abajo Fidel!, ¡Abajo la dictadura!, ¡Vivan los Derechos Humanos!”.

El enjambre de mosquitos, la plaga de chinchas, y las Ratas, aumentaban su suplicio; por eso los presos comunes, Ramón Acosta Moreno, Michel Jáuregui Pérez, Enrique González Silva, Michel Rodríguez Roldán y Jesús, alias Monín, quienes se encontraban en las celdas vecinas de castigo, llamaron a los funcionarios militares para que pararan aquel tormento. Entonces el Mayor Orlando, jefe de control penal, les prometió consultar a la dirección provincial, pues, según dijo, solamente ellos podían librarlo de aquella pena, porque la orden venía de los superiores.

Las horas pasaban, pero el mayor Orlando no retornaba, por eso ellos comenzaron a gritar y hacer bulla, dando golpes en el piso con pomos plásticos vacíos, obligando a los guardias a personarse nuevamente en el local, a quienes amenazaron con unirse a Zapata en la huelga de hambre. Esta fue la razón por la cual fingieron acceder y le retiraron las esposas, pero cuando todos ya dormían rodearon las celdas de castigo con feroces perros mientras un pelotón de guardias lo despertó para darle otra golpiza.

Sin embargo, el Gobierno cubano jamás pudo callar al defensor de los Derechos Humanos Orlando Zapata Tamayo, quien nunca desmayó en su empeño pacífico en aras de la libertad de Cuba. Todavía hoy en estos muros salpicados con su sangre resuena su potente voz que parece levantarse cada día en contra de los abusos del régimen y defendiendo el derecho de los reos comunes a ser tratados como seres humanos.


Efrén Fernández Fernández, de 47 años de edad, es miembro del Movimiento Cristiano Liberación. Fue condenado a 12 años de prisión en la Causa de los 75 del 2003 y declarado prisionero de conciencia por Amnistía Internacional. Su familia reside en Calle Clavel #582 e/ Tulipán y Concepción, municipio Cerro, Ciudad de La Habana, Cuba.

Grabado por teléfono y transcrito por Tania Maceda Guerra del Centro de Información del Consejo de Relatores de Derechos Humanos de Cuba. Dado por Fernández el 1ro de marzo de 2010 desde la prisión de máxima severidad de Guanajay.


(Fuente: Payolibre.com)

por la libertad de los presos políticos cubanos


por Normando Hernández González, Grupo de los 75
Hospital Nacional de Reclusos, Combinado del Este

La brisa de la mañana es fría. Los rayos del sol se empecinan –inútilmente- en calentar el interior de las blancas estructuras de hormigón que como gigantes sepulturas almacenan a miles de muertos vivos de la prisión del Combinado del Este.

La noticia corre como reguero de pólvora. Los guardias, los presos, los doctores y doctoras, las enfermeras y enfermeros y el personal civil del Hospital Nacional de Reclusos (HNR) comentan sobre el misterioso preso que trajeron alrededor de las cero horas bajo un fuerte operativo de la policía política y al cual, salvo poquitísimas excepciones de los trabajadores del HNR, han visto.

Nadie sabe decir como se llama el recluso. Si es blanco o negro, joven o viejo. El misterio se presta para la especulación: “Es un preso político de Camagüey al que los guardias dieron una paliza y está grave”, dicen unos. Otros afirman: “Es un preso político que se está muriendo y lo trajeron de Camagüey para que muera en la Habana” La mayoría asegura: “Es un preso político que trasladaron desde Camagüey porque lleva como ochenta días en huelga de hambre y se está muriendo” Todos coinciden: “Es un preso político, lo trajeron de Camagüey y está grave” Los militares de la Seguridad del Estado guardan silencio.

Es martes 16 de febrero de 2010. El misterioso prisionero respira con dificultad. Las flemas lo ahogan, lo asfixian. El guardia corre, está asustado. Intercepta a un recluso en la entrada de la sala de Terapia Intensiva y jadeando, con el rostro lívido le dice: “¡Corre, apúrate!... ¡Busca al electricista!... ¡Que venga rápido! ¡Es urgente!” El extractor no funciona. Supuestamente tiene problemas de electricidad.
Los doctores logran estabilizar a quien agoniza.

Avanza el día y la presencia de oficiales de la Seguridad del Estado, vestidos de civil, aumenta. El terror que irradia las figuras de estos autómatas se adueña de tirios y troyanos. Pocos quieren hablar del recién llegado. Los que hablan lo hacen en susurro y vigilando de que nadie los escuche.

En horas de la tarde la tensión se incrementa. El HNR está tomado, literalmente, por miembros de la Contra Inteligencia de la Seguridad del Estado.

Oficiales del Ministerio del Interior (MININT) tiran un cable telefónico por la azotea del hospital e instalan un puesto de mando en el cubículo 2 de la sala de Terapia Intensiva, a la cual no dejan entrar ni a los guardias de la institución médica. Monitorean todo lo que ocurre en el cubículo 3 donde muere, lentamente, un prisionero de conciencia.

Pasan uno, dos días. Es 18 de febrero y comienza a filtrarse lo que tan oculto quieren mantener los militares de la policía política. El preso de conciencia en verdad está grave, se está muriendo. Su nombre: Orlando Zapata Tamayo.

Contando el martes 16, han pasado cuatro días de que Zapata llegara al HNR. Desde entonces un desfile de doctores en medicina de diferentes especialidades, traídos de otras instituciones médicas, lo visitan a diario.

Zapata está conectado a equipos médicos que controlan sus signos vitales y otros que lo mantienen respirando, con vida. También lo alimentan por vía parenteral. Pero ya es tarde. El daño es irreversible. Quienes lo vieron llegar señalaron: “Este hombre ya está muerto.”

El sábado 20 se conoce que a Zapata le arrancaron la vida en Camagüey. Así lo interpretaron disidentes de esta provincia cubana cuando denunciaron que a Orlando Zapata Tamayo, los guardias de la prisión de Kilo 8 le dieron una salvaje paliza y después, sin darle ninguna asistencia médica, lo escondieron en una celda de castigo, durante dieciocho días, para que nadie viera las lesiones que le provocaron. Además este tiempo lo mantuvieron sin ofrecerle agua para obligarlo a desistir de la huelga de hambre que había comenzado el 3 de diciembre de 2009, exigiendo se respetaran sus derechos de prisionero político.

Señalaron los disidentes que cuando sacaron a Zapata de la prisión y lo llevaron para el hospital Amalia Simoni, ya estaba como muerto.

Su señora madre, Reyna Luisa Tamayo, pudo constatar las lesiones que le provocaron los militares cuando lo golpearon: “Tenía hematomas en la espalda, los hombros y otras partes del cuerpo”, señaló.
El sonido al ser cerrada la puerta de un auto indica que llegó la madre de un héroe. Los presos que están ingresados en el hospital se encaraman encima de las camas, de las sillas, de las rejas… para admirar en silencio y ver subir por la escalinata del HNR a una Mariana de estos tiempos que viene vestida de blanco, con paso firme, seguro; con el corazón en el medio del pecho; henchida de valor, de ternura, de amor…para el hijo que entrega la vida por un ideal. La vemos sin derramar lágrimas porque ya se le acabaron de tanto llorar los abusos, las torturas… que ha sufrido y sufre ese héroe que salió de sus entrañas. Ya se le agotaron las lágrimas de tanto llorar por ver a su amado hijo morir lentamente durante casi siete años de injusto y cruel encierro dentro de las prisiones castristas. Reyna Luisa Tamayo, mira al frente. Nada ni nadie desvía su atención. Tiene un solo pensamiento. El pensamiento que tiene toda madre cuando ve morir, en cámara lenta, a su hijo: “Si puedo dar la vida para que él viva, con gusto la doy.”

Zapata no responde al llamado de su madrecita. Está inconsciente, tiene algodones encima de los ojos y también está un poco rígido. “Se encuentra muy grave”, aseguran los médicos a la señora Tamayo.

El domingo 21 la peregrinación de médicos al HNR continúa. La ambulancia sigue entrando a todas horas, hasta por la madrugada. Trae aparatos médicos, medicamentos y sabrá Dios cuantas cosas más en el sentido bueno y malo de la palabra. Pero es por gusto. La vida de Zapata se apaga poquito a poquito.

“El teatro que han montado los representantes del gobierno cubano es dantesco, indignante” comentan algunos de los prisioneros del grupo de los 75, que se encuentran encarcelados en la prisión Combinado del Este y aseguran: “El gobierno de Cuba quiere dar a entender que se preocupa por la vida de Zapata. Lo que si no va a decir nunca es que desde el 20 de marzo de 2003, está castigando, golpeando, torturando, asesinando de forma lenta y premeditada a este héroe cubano. Lo que si no va ha decir nunca es que lo sancionaron a tres años de prisión por disentir del gobierno de los hermanos Castro y que le fueron sumando años a su condena en amañados juicios sumarísimos, sin ninguna garantía procesal, hasta llegar a 32 años de privación de libertad. Simplemente por exigir se respeten sus derechos de prisionero de conciencia, por exigir se respeten los derechos de todos los presos y además les den un trato digno de ser humano.

¡Que hipocresía! ¡Que bajeza! ¡Que maquiavelismo el de este gobierno que alevosamente asesina de forma lenta, con toda impunidad y luego monta una obra teatral para ocultar el asesinato!

Lunes 22; 4:30 de la tarde. Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, los hombros caídos, la cabeza gacha con la mirada fija en el piso y el rostro compungido se dirige hacia la sala de Terapia Intensiva, acompañado por dos doctores, el también doctor y especialista en anestesiología, mayor Mariano Izquierdo, jefe de los servicios médicos del MININT (Ministerio del Interior) en Ciudad de La Habana. Aparenta estar preocupado, triste y no es para menos. Cualquier ser humano que tenga un ápice de humanidad también lo estaría. Zapata Tamayo está llegando a su fin. Se está muriendo, hace algunas horas, entró en coma. No lo pueden ni mover pues le podría ir en ello la vida. Un riñón no le funciona.

Médicos y oficiales de la Seguridad del Estado juegan con los sentimientos de la señora. Reyna, quién destruida está por ver a su hijo morir lentamente, sin poder hacer nada a su favor. Estos militares la ilusionan, la esperanzan, le aseguran que si zapata necesita un trasplante de riñón ellos lo harán. ¡Que desvergüenza! ¡Que falta de pudor! Hace apenas unas semanas atrás torturaron a Zapata durante 432 horas sin darle agua y ahora hablan de trasplantarle un riñón.

Alrededor de las 7:00 de la noche el aparato que controla los signos vitales de Zapata da la alarma. Los médicos corren. ¡Zapata se muere! ¡Está muerto! ¡No! Dicen que logran salvarlo.

Los doctores se ven asustados, los militares también. Están todos compungidos. Pasada las 9:00 pm ocurre lo inconcebible: Zapata es trasladado al hospital hermanos Amejeiras. Lo sacan de la sala de Terapia Intensiva del HNR acostado en una camilla. Lleva un suero puesto, tiene vendas que cubren todo su rostro y que solo dejan ver los agrietados labios que rodean un tubo plástico que tiene introducido por la boca. No da signos de vida y su cuerpo, consumido por 82 días en huelga de hambre, va tapado con una sábana blanca hasta el cuello. “! Hay que trasladarlo con cuidado, no se puede mover!”. Dice un médico a quienes cargan la camilla.

La madrugada es fría. Las estrellas tiemblan de emoción, allá en el infinito,. Dios acoge en su paraíso a un hombre que bendijo en vida dándole el valor de los héroes, la resistencia de los mártires, el espíritu de los Dioses. Acoge a un hombre que muere por amar a la Patria que lo vio nacer, por amar al prójimo como a sí mismo. Acoge a un humilde albañil cubano de 42 años de edad y de la raza negra. Acoge a Orlando Zapata Tamayo que después de 83 días en huelgas de hambre dando una lección universal de entereza, de patriotismo, de principio, de convicción… entrega su vida-según los médicos oficialistas –a las 3 y 14 horas de la madrugada del 23 de febrero de 2010.

Hoy más que nunca usted vive Zapata. Usted no ha muerto. Los dignos cubanos y cubanas lo honran, lo glorifican y lo recuerden en nuestro Himno Nacional que dice: “Morir por la Patria es vivir”.

Ciudad de La Habana, 5 de abril de 2010.

(Fuente: Mesa de Trabajo de Martha Beatriz Roque Cabello.)

por la libertad de los presos políticos cubanos

“Hola Willy. Soy Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata Tamayo. No nos conocemos, pero han llegado hasta aquí, en Banes, al Este de Cuba, tus palabras sobre mi hijo. Dices que era un ‘delincuente común’. Han pasado ya 10 días desde su muerte. Diez días de pena e infamias. Las propagandas por los que asesinaron a mi hijo y, los que como tú, le han creído. Willy, ¿por qué si mi hijo es un delincuente común el régimen cubano lo incluyó en el Libro del Disidente, que ellos mismos editaron?

Ten claro que mi hijo era un simple defensor pacífico de los Derechos Humanos en Cuba, entregado por entero para conseguir lo que no tenemos en mi país: democracia y libertad. Willy, puedo relatarte las amenazas del Gobierno cubano contra mi hijo durante sus 85 días de huelga de hambre. Le prometían la muerte. Los carceleros le golpeaban. Le tuvieron 18 días sin tomar agua. Una anciana enferma como yo, de 60 años, tuve que ponerme también en ayuno para que me dejasen verle tras 53 días”.

Carta de Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata Tamayo, al actor Willy Toledo, hoy, en El Mundo.

PD: Los que no están suscritos a El Mundo, pueden leer la carta aquí.

PPD: Transcripción del texto y enlaces: Penúltimos días.

(…) Yo: Ricardo Santiago Medina Salabarria, de 41 años de edad, vecino de Santo Tomas #359 (azotea) entre Árbol Seco y Retiro, municipio Centro Habana, sacerdote de profesión, hago pública mi inconformidad y afirmo que EN CUBA SI SE MALTRATA, SE GOLPEA, SE VEJA y SE TORTURA, a los adversarios del gobierno. El 1º de agosto de 1994 falleció mi tío menor Osvaldo Medina Dulzaide, de 33 años de edad, a consecuencia de una golpiza. Como causa de muerte se certifico “asfixia mecánica”. Su cuerpo mostraba varios hematomas. Este acto fue denunciado por mí el 22 de de Marzo de 2003, tras escuchar el discurso del entonces jefe de la diplomacia cubana Felipe Pérez Roque, en el pleno de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, el miércoles 16 de marzo, en la que pedía un solo caso de un preso maltratado en las cárceles de Cuba.

En un proceso carente de garantías legales fui arrestado el 22 de julio de 2005 y fui golpeado, de igual forma mi esposa Katia Sonia Martín Véliz y mis dos hijas pequeñas (gemelas) que no alcanzaban los dos años de vida. Estuve 15 meses y 3 días en prisión y nunca fui presentado a ningún tribunal, además de negar todos los recursos presentados por mi defensa; en mi transitar por estaciones de la policía, Departamento de Investigaciones de 100 y Aldabó, prisión provincial de Pinar del Río y prisión de Taco-Taco, municipio San Cristóbal, provincia de Pinar del Río, (en el entretiempo del 17 mayo 06-25 Octubre 06) fui testigo de dos (2) golpizas de las que fuera objeto Orlando Zapata Tamayo, estas golpizas fueron ordenadas por el Mayor Juan Ramón Castillo Sánchez, jefe de la prisión Taco-Taco y tuvo pleno conocimiento de ello el Teniente Coronel Abel Santovenia Po, Director Provincial de Cárceles y Prisiones. En otras 2 oportunidades Zapata Tamayo fue encadenado y esposado por más de 12 horas. Yo fui testigo. Por protestar fueron golpeados y encausados 4 presos comunes. (Continúa aquí)

(Fuente: Kubasepia)

por la libertad de los presos políticos cubanos

El preso Julio Santos Hernández, de 31 años de edad y recluido en la cárcel de Kilo 5, Pinar del Río, se encuentra ingresado con diagnóstico de "necrosis cerebral", tras recibir una "fuerte paliza", según denunciaron este viernes fuentes de la disidencia interna. "Lo arrastraron, lo llevaron a una celda y, esposado de pies y manos, le entraron a patadas", afirmó Alejandrina García de la Riva a Diario de Cuba, que supo de la noticia a través de su esposo, el preso político Diosdado González Marrero, que cumple 20 años en la misma prisión.
Según García De la Riva, luego lo sentaron en una "silla de tortura" y "le rompieron la tráquea".
Los implicados en la paliza son los oficiales Bartolo, cuyos apellidos no pudieron ser precisados (jefe de grupo), y Osniel Hernández Chala.
(Fuente y sigue: Diario de Cuba)

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